9.12 El reino de Lahor y su embajador

(agosto de 1619)


Era el Enbaxador de Laor honbre muy alegre y festiuo y con quien el rey de Persia, por esta causa, se burlaua y entretenía, no solo de palabra, sino tanbien de manos, asiéndole de la barua y dándole palmadas en las espaldas, de manera que sienpre auia rrisa y plazer adonde quiera que estaua. Llamase Helanchan, que entre los mogores suena lo mesmo que señor del mundo, y fue hijo de Paxa Mahamut, rey de Laor, que entre otros reynos con que acrecentó su inperio ganó el grande y fértil reyno de Canbaya, con que vino á quedar aquella monarchia, entre muy pocas, una de las mayores de todo el Oriente.
Ansi en la opinión común que entre los mogores se halla, como de la grande historia de Mirhon, de nacion persiano y que escriuio de menos de cien años á esta parte, estos reyes de Laor vienen de Mirunxa, sigundo hijo de Tamur, de quien atrás se dexa hecha larga mencion. Y como Alucham, entre otros muchos hijos de Mirunxa, auiendo sido muerto su padre en una batalla que tuuo con los turcomanes, quedase pobre, ocupado de otros lo que en Media y Hircania podia tocarle, se fue con algunos que quisieron seguirle á ganar sueldo á la India, camino que muchos persianos, vsbeques y corassanes tomauan, por la rriqueza de la tierra, hallándose en la suya desacomodados.
Auia pocos años antes desmenbradose y diuidido en muchas partes el potentissimo reyno de Deli, conteniéndose en él antiguamente, demás de las prouincias del Cinde, Canbaya y todas las demás meridionales hasta el Malabar, toda la India septentrional hasta el grande monte Imao. De esta gran monarchia rresultaron muchos reynos menores, rrebelandose á su rey los capitanes y gouernadores suyos, que como en la discripcion de Goa se escrivio, eran mahometanos, de las naciones arriba rreferidas, y otros muchos turcos, árabes y abissinios, los quales contendian después de auerse extinguido aquella monarchia, unos con otros, por augmentar lo que auian vsurpado.
Y como en proceso de algunos años, Alucham, ansi por la clara memoria de Tamur, su abuelo, como por su propio valor, se hiziese señor de una gran parte de lo mas septentrional del reino de Deli, cuya ciudad, agora muy arruinada y del mesmo nonbre, se vee entre Agrá y Laor, y los que después le sucedieron fuesen despojando ó á los señores de menos potencia sus vezinos, de lo que poseían, vinieron á quedar grandes y poderosos reyes hasta que Paxa Mahamut, padre del enbaxador de Laor de quien se va tratando, augmento, con tanta mayor grandeza como fue la acesion de los reynos del Cinde y Canbaya, la tan famosa y nonbrada en Asia monarchia de los mogores, teniendo por el septentrión el monte Imao; por el Mediodía, el mar Indico Austral; por el Oriente, el rio Ganges, y por el Occidente las antiguas prouincias de Aracosia, Aria y Bactra, confines hazia el Oriente de los mogores, vsbeques y persianos.

Y porque el rey quería esta tarde y toda la noche entretenerse en la colonia de los julphalinos, como lo suele hazer, se leuantó y queriendo licenciar los enbaxadores le dixo al de España que le boluia á prometer de darle audiencia; el qual le rrespondio: si V. A. se uviere de partir, como se dize, dentro de pocos dias de Spahan, y no pudiere hazerme esa merced, todo lo que principalmente se puede tratar y lo que agora vltimaniente el rey mi señor me manda con este frayle que vino de España, es lo mesmo que con V. A. traté en Casbin sobre rrestituir lo ocupado del reyno de Ormuz.
Dio muestras el rey de no entender esto y saliendo á la puente con los demás llegó un bufón del enbaxador de Laor, tenido por todos por de muy buena gracia, á hablar al Enbaxador de España, diziendo su amo quien era y lo que profesaua; pero llegó el bufón con tanta grauedad, seueridad y conpostura, que no solo no dio muestra de honbre de aquel arte, sino que páreselo en él un verdadero retrato de Antístenes, Xenocrates ó Epaminondas, no diziendo otra cosa mas de muy serios cunplimientos, de manera que con ningún artificio, ni propia naturaleza de los honbres de aquella profesión pudiera mostrar tanto su buena gracia como en aquello. Tenia la mesma edad ó mas que el mesmo Enbaxador, y tan parecido á él que no hallándose juntos nadie dexara de engañarse, no siendo de su mesma familia, para no tenerlos por una mesma persona. Y ansí dezia el Enbaxador de España que para mayor admiracion y grandeza de aquellas fiestas y juntas de embaxadores, el de Laor auia, de industria, trocado su persona con la de su bufón, rrepresentando propiamente cada uno la del otro.
Paró el rey un poco en pie en medio de la puente, llegando allí los demás enbaxadores, haziendose una rrueda ó cerco de todos en el Ínterin que traían cauallo al rey, el qual, asiendo por el brazo al Enbaxador de España y señalando con la otra mano al de Laor, le dixo: ¿Veislo alli?; pues si no me entrega a Candar se la tengo de tomar á su rey y lo demás que por alli hallare, porque á mis hijos (señalándolos tanbien, que estauan presentes, aunque fuera de la rrueda), no les tengo de desminuir un palmo de tierra de lo que por las armas en mis reynos tengo acrecentado. Y aunque esta parescio rrespuesta guardada para en parte tan pública, de lo que poco antes el Enbaxador de España le auia dicho, no se quiso dar por entendido dello, mas de rresponderle que Su Alteza y Xaselin y su Enbaxador, que estaua presente, se auendrian como amigos, porque él no entendia que cosa fuese aquello de Candar, y con esto, rriendose el rey con todos, sigun lo haze sienpre, se despidió dellos yéndose á Julpha, y los demás á sus posadas, siendo ya casi noche.

Candar, ya que aqui se a hecho mencion della, es una pequeña ciudad, aunque fuerte, sigun su sitio, en los confines de Aria, llamada agora Arat, y de la primera India, y en el propio camino que de Persia y Corassan, de donde es muy vezina, lleuan los mercaderes á la provincia del Cinde, y de alli los de Laor, Agrá y demás partes de la India á los dichos reynos de Corassan, Media y Persia. Y por ser este paso forzoso de todas las carauanas que van y vienen de la India á Persia, viage que el rey con tanto cuydado a introduzido de pocos años á esta parte por deriuar por alli el comercio maritimo de Ormuz con tanto prouecho suyo, tenia en Candar un buen presidio con capitán de confianza; pero como éste, ó por se hallar ofendido, ó lo que es mas cierto, auiendo rrecibido gran cantidad de dinero del rey de Laor, ansi para sí como para sus soldados, le entregase la fuerza, se pasó á seruirle con todos ellos, cosa que por los grandes sueldos que aquel gran principe offrece [es] muy vsada de los persianos, vsbeques y corassanes, con otras muchas naciones de Asia.

Pasados dos dias tuvo el rey apercebida otra fiesta de noche en el Maydan, mandando que por todas las tiendas y alcobas altas alderredor del uviese muchas luminarias, y la fiesta, aunque muy insipida y de poco gusto, era luchar algunos honbres desnudos, y pelear carneros, dándose grandes topadas, con la contienda de los toros que ya se hizo mencion en la entrada del Enbaxador de España en Caxen. Fueron llamados á una ora de la noche todos los Enbaxadorcs, acudiendo gran numero de gente, ansi de naturales como forasteros, de manera que con ser el Maydan tan capaz y grande estaua casi todo ocupado.
Luego que salió el rey se comenzo la lucha y toparse los carneros, auiendo muchos parciales, honbres y muchachos, que á los unos y á los otros los animauan con toda suerte de palabras y ademanes á conbatir, y aunque esta vista y entretenimiento, mirándose como fiesta de un rey y hecha á Enbaxadores de tan grandes principes, pareciese tan insulsa y pueril, á lo menos era con alguna quietud, no dando mayor molestia que la que se tenia con el calor del tienpo, siendo en el rrigor del estio y de las muchas luzes que alli auia.
Pero venidos los toros, cuya contienda duró grande espacio, la fiesta fue molestissima y pesada, porque enpujandose unos á otros aferrados por los cuernos, frente con frente, como sucedio en Caxen, y la gente de á pie y de cauallo estuuiese muy apiñada, era forzoso apartarse y rretirarse de la parte adonde los toros, licuados de los otros se rretirauan, boluiendo éstos luego animados de sús dueños y fautores, cobrando animo a licuar á los que antes parecian vencedores. Y como los de a cauallo muchas vezes corriendo huyesen por no encontrarse con los toros, se atropellauan unos á otros con grandissima confusión y tumulto, mayormente de los muchos que caian de los de apie, y como los criados del rey y otros muchos, como el mesmo, por la rrazon dicha anduuiese corriendo y apartándose a muchas partes del Maydan, corrían ansimesmo todos hazia aquella parte por hallarse mas cerca del [y] derribauan y pisauan á muchos, siendo los mas de los Enbaxadores lo[s] que hazian esto con mas cuydado, de que resultaua el daño dicho.
En fin, después de auerse gastado la mayor parte de la noche en esta tumultuosa y molestísima fiesta, deseando algunos que se acabase, el rey, apartándose corriendo de los demás se entró por la puerta de su árame, rrecogiendose los Enbaxadores á sus posadas.

Enbió otro dia el rey gran cantidad de cosas dulces al Enbaxador de España, en muchas fuentes de plata mucho mayores que rrodelas, y aunque auia gran número y diferencias de confituras y frutas de alcorza, no con el primor que en España; pero fue tanta la cantidad que bastó para proueer los conventos y abundantemente á toda la familia del Enbaxador. Avia muchos dias antes enbiado el rey á dezirle que de todos los rregalos que en su casa uviese, mayormente de cosas dulces, enbiase por ellas, que él rrecibiria mucho gusto dello; y sabido que no se auia hecho ansi quiso que aquel dia se licuase todo junto, mandando dar el Enbaxador á los portadores de aquel presente, que eran muchos, una buena cantidad de dinero.
Y para que se entienda en la veneración en que todos estos persianos tienen á sus reyes, se pondrá aqui un caso que entonces sucedió, y fue que como biuiese muy contigo á la casa del Enbaxador un persiano texedor, su muger, que tanbien vsaua el mesmo offício, se hallaua entonces muy al cabo de una muy peligrosa enfermedad, no mayormente pudiendo ya comer muchos dias auia; y siendo muy público entre todos aquellos vezinos auer el rey enbiado aquella colación, con grande afecto vinieron de su parte á pedirle á un criado del Enbaxador le suplicase de su parte que por amor de Dios le enbiase algo de lo que uviese quedado, porque le parecia que luego estaría buena. Y como se le licuase buena cantidad y comiese con aquella buena fe la enferma, parte della, al momento se alentó y mejoró de manera que en tres ó quatro dias quedó del todo buena, aunque la fruta no era tal que mereciese por sí hazer tales milagros.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo VII, pp. 394 – 400)

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